Emilio Ochagavía García

Emilio Ochagavía Nació en Falces en 1922 en el seno de una familia humilde y de agricultores.

Al empezar la Guerra Civil se fue a trabajar como botones al hotel Maisonnave de Pamplona. Al tiempo, se trasladó a San Sebastián, donde se empleó en una fábrica de bombas y conoció al hijo de Pedro Rodríguez, barcelonés que poseía una importante firma de moda.

Tras la guerra, empezó a trabajar con Rodríguez y se trasladó a Barcelona y a Madrid. En Madrid fue donde conoció al diseñador Jesús Vargas, que a posteriori se convertiría en su socio. Ambos congeniaron muy bien y en 1952 crearon la firma de alta costura Vargas & Ochagavía de moda femenina.

Tenían su sede en el paseo Recoletas, frente al famoso café Gijón, y en 3 años ya eran una firma de renombre y vestían a actrices, al cuerpo diplomático y a gente selecta. Entre sus clientas se encontraban Celia Gámez, Carmen Sevilla o Pilar Bardem.

Competían con diseñadores de la época como Pedro Rodríguez, Pertegaz o Rosina. Presentaba sus colecciones en el hotel Palace o en el Ritz, y también confeccionaban trajes para películas como Dónde vas, Alfonso XII.

Como otras grandes firmas, lo que perdían con la alta costura lo recuperaban con sus boutiques, donde vendían ropa más asequible. Asimismo, en 1959 ganaron la medalla de oro en un certamen de moda en Munich, y en 1965 acudieron invitados a una feria internacional en Nueva York.

Los problemas les llegaron a finales de los 60 con el pret-a-porter, que hizo una fuerte competencia a este tipo de firmas de moda, pues ofrecía prendas confeccionadas de modo industrializado, de calidad y a buen precio. Tuvieron que cerrar la línea de alta costura y mantuvieron sus boutiques. La firma se extinguió en 1987, cuando se jubiló Emilio Ochagavía (Vargas ya lo hizo antes).

A modo de conclusión resaltaremos que Emilio Ochagavía nunca olvidó sus raíces ni su origen humilde. Solía regresar a Falces para visitar a su familia. “Pasó de ser un niño de pueblo sin estudios a un personaje VIP de la sociedad madrileña. Supo absorber como una esponja los conocimientos necesarios para destacar, aunque eso no se supo valorar en Falces porque no sabían de su talento”.