CASTILLO DE LOS MOROS
Entre los barrancos del Pilón y la Busierra, al pie de la ermita del Salvador, se alzan las ruinas del castillo de Falahsan. Este es el nombre que daban los árabes a la fortaleza que vigilaba el núcleo fronterizo de Falces.

Situado entre dos acantilados de piedra, al pie de la ermita del Salvador, el castillo de Falces es una de las fortalezas más antiguas de Navarra. Hoy, este castillo roquero parece un simple montículo de tierra gris, rodeado cuevas y restos de alguna vivienda rupestre. Pero debajo de su aspecto anodino, se esconde una larga historia que se remonta cuando menos al siglo VIII, cuando los árabes dominaban estas tierras de la ribera alta del Arga-Aragón.

El nombre de Falces viene del latín «falx, falcis»(hoz, hoces en plural). Según varios autores, el topónimo puede estar relacionado con los barrancos (foces) que hay cerca del primitivo núcleo, o quizás también con los meandros (hoces) que dibujaba el río Arga a su paso por este lugar. Esta última interpretación es la que convence más a José María Sanz, autor de varios libros sobre la historia de Falces y su castillo de los Moros.

«Aquí tenemos yacimientos arqueológicos que van desde la prehistoria hasta la dominación romana», dice Sanz. De esta última etapa (siglos I y II), destacan algunas excavaciones como las de los Villares y San Esteban y otras realizadas posteriormente que demuestran la existencia en el término de varias fincas agrícolas romanas situadas a ambos lados del río Arga.

Como señala la arqueóloga falcesina María Angeles Mezquíriz, ex directora del Museo de Navarra, «a finales de los silos IV y V se destruyen muchas de estas grandes casas de campo, y parte de sus habitantes se refugian en lugares protegidos por defensas naturales». Es probable por tanto que algunos de los pobladores romanos que vivían diseminados, se agruparan entre la Peña y el río, y que tiempo después -quizás en la época visigoda (siglo VII-VIII)- se realizara alguna fortificación aprovechando la topografía del terreno.

Moros y cristianos

En cualquier caso, la primera referencia escrita sobre el castillo de Falces (Falhasan, en árabe) no aparece hasta el siglo IX. Según dice José Manuel Azcona, autor de un segundo libro sobre la historia de Falces publicado en 2001, el texto en que aparece aquella referencia es un relato del escritor Ibn al Athuir, que hacía las cruzadas del lado musulmán. En él se narran los avances del emir Muhammad I que en 860 dirigió sus armas contra el rey de Pamplona García Iñiguez. «Durante treinta y dos días Muhammad peleó contra el rey navarro destruyendo aldeas y campos, y conquistando diversos castillos», entre ellos los de Firush (Caparroso), el Kasthil (Carcastillo) y el de Falhasan (Falces).

Antes de eso, Falces había sido ya una plaza musulmana durante 136 años (desde 714 al 850). Así es que el hecho que se narra fue una reconquista por parte de los árabes, que dominaron de nuevo estos parajes hasta el año 914.

Uno de los últimos episodios de las contiendas que mantuvieron moros y cristianos en la zona de Falces, tuvo lugar con ocasión del desfile victorioso de los ejércitos de Abd al Rahman III en julio del año 924. Después de incendiar y saquear la villa de Peralta y sus alrededores, los ejércitos musulmanes dirigidos por Al -Nasir se dirigieron a Falces donde atacaron el castillo. «Tras un día de combates, y sin tiempo para asediar la fortaleza, Al-Nasir abandonará el lugar, por el camino viejo de Tafalla, conocido hoy también como el camino de Abd al Rahman», añade José Maria Azcona.

El huerto del rey

En total, los musulmanes dominaron las tierras de Falces en períodos intermitentes durante 190 años (desde 714 al 850, y desde 860 al 914). Posteriormente, Falhasan y su castillo quedaron como una tenencia cristiana frente a los moros, que controlaron las tierras situadas al sur del Ebro hasta principios del siglo XII.

Dada su importancia estratégica como castillo fronterizo en la Ribera Alta, los reyes navarros instalaron en Falces su propio cuartel-palacio. «Como tenían aquí una fortaleza prácticamente inexpugnable, los monarcas solían pasar algunas temporadas realizando in situ el seguimiento bélico de los conflictos fronterizos», señala José Manuel Azcona

«Cuando venían los reyes a Falces , se quedaban en el actual palacio de Treviño, conocido también como casa Ruiz de Bucesta», añade José María Sanz. «Esta fue sede real hasta el siglo XVI, en que pasaría a manos privadas». Detrás de esta casa, reconstruida en el siglo XVII, se encuentra precisamente el denominado Huerto del Rey, que tenía comunicación directa con el castillo, a través de un camino».

El castillo de Falces fue fortificado en 1380, tras la primera invasión de los castellanos, y sufrió una nueva remodelación en 1512. En un libro dedicado al castillo de los moros, José María Sanz ha hecho una maqueta en la que se refleja muy gráficamente cómo pudo ser la fortaleza en aquel tiempo.

Tres murallas

Según dice José María Sanz, el castillo de Falces tenía una sola torre de vigilancia, de forma oval, y tres recintos amurallados. El cerco exterior -bastante ancho- estaba formado por un grueso muro de piedras de yeso con un antepecho almenado. Después había un segundo muro adaptado en parte a la roca que cogería el actual barrio del Cortijo, y finalmente, aupada en el monte, una plataforma superior también amurallada, de donde partía la torre del homenaje. Esta se levanta sobre una roca en la parte más alta del recinto.

Según dice José María Sanz, es posible que este dispositivo militar contase con otras instalaciones de apoyo (puestos de vigilancia,etc.) en lo alto del Salvador y en la atalaya de los Rebollos.

Como era habitual en este tipo de fortalezas antiguas, «el castillo de Falashan estaba construido con piedras de yeso y campanil arrancadas del monte, y sujetas con argamasa, lo cual le dota de un camuflaje natural que lo hace invisible desde cualquier punto. A ello contribuye también la sombra que proyecta por su mayor envergadura el monte que queda detrás», señala José Maria Sanz.

El ocaso de la fortaleza

El castillo de Falces se mantuvo vigente hasta el siglo XVI. A partir de entonces, tras la conquista e incorporación de Navarra a Castilla, perdió su funcionalidad defensiva y entró en una decadencia progresiva, que contribuyó al definitivo desmoronamiento de las murallas. En el siglo XVIII, se habla de un derribo parcial, por peligro de derrumbe, y en el siglo XIX, solo quedaba ya la primitiva torre que corona el cerro.

Hoy, el castillo de los moros, es un simple montículo de tierra, rodeado de barrancos. Arriba del cortado, queda la ermita del Salvador del Mundo, desde cuyo mirador se domina el extenso término municipal (113 kilómetros cuadrados),y detrás los barrancos de la Busierra y del Pilon, por donde corren las vaquillas del popular encierro de Falces. Una senda entre pinos, conecta la ermita del Salvador con este precario castillo roquero, que parece una hormiguero, lleno de cuevas y galerías.